Blog-hábitat para la poesía y otras expresiones de la palabra en la diversidad literaria bajo la dirección de Francisco Garzaro. Historiador en aprendizaje permanente; aprendiz de guitarrista, de fotógrafo, de poeta...

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4 de noviembre de 2009

Sé una voz, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina
en Parte de guerra y otras anotaciones

Sé una voz

Viene de la tierra donde el Hombre
aún pugna en el hueco de una hora no nacida.

Se parece al vértigo latente que alza de improviso
la ola en medio de una calma de fuegos marinos.

Huele a horno en el instante exacto
en que el cereal sueña resplandor de mano en mano.

Una voz que ha de inventar profundo canto,
voz en coronuestro, himno
pariéndose en los estruendos de la alegría.

Vozpatria aguavoz vozlibertad
germinación del alba
territorio de hijos en el sueñovoz
vientos urgentes de vozamor a manos llenas.

O voz de todas las cosas ahora que amanece.

2 de septiembre de 2009

He visto ayer, tal vez de mañana, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina

He visto ayer, tal vez de mañana

He visto ayer, tal vez de mañana,
cerca de una hora precisa de pan caliente
todavía, al hombre que pasaba
con sus hijos en la boca.
Rodaba en su bicicleta sobre un hilo
de regreso urgente.
O volvía a llevar la misma mirada de imposibles rota.
A dejarla en la cocina como una medalla,
un trofeo astillado, un punto de partida.
Cargaba una bolsa redonda, hinchada
de almuerzo y las manos en los brazos
y los brazos en los hombros
y los hombros rematando la ancha espalda
transpirada.
Ay mi amor el hombre que estrenaba
el brillo en los ojos, el aire en los pulmones,
la honda y poderosa esperanza.
¡Lo hubieras visto!
¡No vi guitarra tan llena de auroras!
Caminaba sobre el viento
con breves pasos circulares
y silbaba.
Iba detrás del abrazo, del buen día,
como si lo arrastrara el alma.
Y a sus espaldas flameaba una pared,
un torno, un crisol, una espiga!
Habrá sido un martes de espadas,
o aquel jueves que los diarios callaron,
pero lo vi deambular por el residuo
y me preguntó la hora.
No hay apuro, me dijo y fumamos,
la basura no tiene memoria.
Me llevé su mirada de
granito y cartón,
su rostro desatando los abismos,
y en ese espejo me conté los años.
Ay mi amor, si supieras tanta palabra
inútil que ronda en los periódicos!
Hoy es lunes de mirar distinto.
Silbaba y en su camisa el viento fresco
era remolino de mesa servida,
un come despacio con sol afuera,
fiesta del pan que me ha llenado el alma.

16 de julio de 2009

Quién paga la casa rota, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina

Quién paga la casa rota

El hueco del pan incrustado en el vientre, el plomo
en el pecho que albergaba el basta?


Y las brutales caravanas de acero que aplastan los sueños en los parques?

Y los verdugos en su triste oficio?

Quién paga las corbatas de las ilustres señorías, los sillones, las putas
los veleros de las ilustres señorías?


Quién paga a los soldaditos que apalean a sus hermanos?

Quién paga los títeres televisados, los aplausos, la escenografía de la santa palabra.
Quién paga el banquete donde cenan la patria, el surtidor
que deja la tierra exhausta?

11 de septiembre de 2008

Como si no entendiera, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina

Como si no entendiera
(Inicios de 2008)

Te hablo de forajidos con carnet, con misa y con escolta
con pluma a fuente y alfombras rojas,
llenos de una democracia tan de pocos,
tan occidental, moderna, cristiana, elegante.

Y me miras como si la ternura del mundo
naciera de tus ojos,
con todos los secretos del mundo en tu silencio.

Y te hablo
de tanto imbécil armado hasta los dientes
relleno de paja, amortajado en negro
que cree ir y venir por el planeta sin advertir los hilos
sin entender siquiera
que su voz no es su voz, es la de otro.

Y me miras con tus lunas exactas
con foresta en llamas con tu boca
con preguntas tan simples como dos que se aman.

Y te hablo mi amor
de oscuros lacayos con banda presidencial con damas
por hora de gabinete en gabinete
servidumbre con hurras en las fiestas patrias
con bandas y más bandas y tanta mano de obra inútil
de muerte de extorsión de yugo de veneno.

Y tú me miras
así casi en mis manos
ovillada tremante a veces dolorida
plena de sustancia de amor de futuro infinito
todo mar y fuego y viento y besos.

Y te hablo como si no entendiera
que tú eres el mundo que el mundo eres tú
que tu boca es el mundo que me nace y conmueve
que amarte es armarme del canto
para salir a la tierra.

A los treinta mil compañeros desaparecidos. Argentina, 1976, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina

A los treinta mil compañeros desaparecidos.
Argentina, 1976

He visto los hombres trepar a la sombra
tensando los arneses aún dormidos
y marchar unidos en el esfuerzo bestial
hasta montar el sol sobre la tierra.

Entonces salían de todas partes los niños y las madres
y luego los mercados llenaban las veredas
de silbos y manzanas.
La alegría de las gestas domésticas
coronadas por la dignidad del almuerzo!

He visto largas caravanas de obreros en el alba
marchar hacia el metal de la sirena.
Ágiles bicicletas con la vianda,
la radio colgando del manubrio.

Hasta que el estrépito de ráfaga
de cañón maldito
de horrorosa muerte
abrió un boquete en cada casa y entró la niebla negra.
Todo se retorció como un pez en la arena,
hasta ser tragado por el miedo.

Desapareció la fábrica.
También el hombre.
Y los hijos, y los mercados con silbo, y las radios
que no fueron sino un espejo del infierno roto a veces.
La universidad de Luján fue clausurada.
Encadenaron la luz en los sangrientos sótanos,
persiguieron los brotes del canto asesinado.

El abrazo fue un código secreto
la patria un dolor ahogado bajo la tortura.
Y el sol deseo apenas musitado
entre los nombres de los que ya no estaban.

No hay tierra que no les pertenezca, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina,
de Explicaciones con mar y otros elementos, -Uniservice, Trento-, 2007

No hay tierra que no les pertenezca

Los hijos del sol
han desandado noches derramadas
por generaciones
mordiendo la paciencia.
Llamando al destino por su nombre.
Prisioneros esclavos mercancía
coro germinando
basta silencioso.
Nacieron y murieron sin saberlo
sobre la misma piedra.
Los vi en la ronda de una floresta roja
celebrar al hermano que llegaba
con nacimientos de chispa entre las manos,
con bandera de gesta en las miradas.
Siempre el hombre
salvará al hombre de bestias, falsos dioses, otras alucinaciones.
Serán quienes no han sido,
los traicionados y excluídos, los pobres
de cosas materiales, los hijos de la espera,
quienes gobernarán el día.
Y sucederá como los pueblos han escrito.
Una mañana los diarios descubrieron Chiapas.
Nadie se atrevió a desmentir el hambre
encendiendo el año nuevo en la montaña.

Las palabras, Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione,
Argentina,
de Explicaciones con mar y otros elementos, -Uniservice, Trento-, 2007

Las palabras

Las palabras
que ocuparon la tierra cuando nada había
vinieron por el silencio.
Los gestos se llenaron de campanas,
la foresta, la llanura, cada cima
multiplicó los ecos del nombre de las cosas.

La profundidad del pan y las mareas
fue revelada
y entonces el canto distribuyó horizontes,
nuevas explicaciones
para fundar el mundo.