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Mesa de Poesía en el ciberespacio y desde Latinoamérica para el mundo.

22 de enero de 2013

Roberto Obregón

En Poesía de barro
(el libro de las interrogaciones),
Guatemala, 1962–1966.


                                                                                                      ¿Qué haremos para ser invocados,
                                                                                                       para ser recordados sobre la tierra?

                                                                                                                                       Popol Vuh 1,2    



Dos poemas

I

Domingo lluvioso
de lluvia de sueño
y muy viejas aldabas.

En el oscuro zaguán
dormita un mendigo
y en la caballeriza,
persistente, un grillo
burila en el silencio.

Inmóvil, con la mejilla
sobre el frío cemento,
esperé y esperé
que a la puerta llamaran.

Mas tarde la luna alumbró
el anca de las yeguas,
iluminando un escarabajo
ahogado en el patio.

Se habían ido todos,
mas nadie me llamó.

El añoso olvido
y la yerba
y las grietas,
tenaces asieron la puerta.
Oxidose la llave
y el caño del agua.

Se fueron.  Todos partieron
y yo también agarré camino
con el viejo caserón
en mi corazón de niño.


II

Terminó de llover.   La luna salpica
de charcas los solitarios caminos.
En los zanjones el agua susurra
con su vieja tersura de sombras.

De entre la bruma se erigen
los altos volcanes azules,
ya cubriendo una estrella
agazapados entre la niebla,

ya proyectando sus conos
sobre bosques y valles,
ríos, sembrados y plazas
durmiendo muy tristes y solas.

Al fondo del corredor silencioso
del caño el agua se vierte a la pila
y de cipreses se impregna la casa
y de jazmines y príncipes negros.

La adormitada voz de la lluvia
suena en el insomne recinto materno,
allí apagaron los ojos la llama sin sueño
en la oscuridad de la ausencia de un hijo.